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Historias de la vida real: El mejor detective de la internet

Friday, March 12th, 2010

Hace mucho que no subía nada al blog, en parte debido a que he estado metido en otros proyectos, en parte porque no tenía nada que escribir, excepto esa novela que cambiará la literatura contemporánea, de la cual llevo 3 páginas. Pero hoy me pasó algo tan divertido que tuve que romper mi inercia autoimpuesta: Mi gran amigo Cristián, gurú de la crítica fílmica/literaria/gamer, llegó a mí con un misterio sin resolver de esos de todos los días. Me sentí un poco como Jonathan Ames, el protagonista de Bored to Death. (Mal que mal, tenemos puntos en común, también soy un novelista wannabe con interés por el boxeo y una incipiente carrera como detective). Así que enganché inmediatamente con el problema y lo pude resolver (¡Yey!) Ahora, con su permiso, voy a intentar contarlo como si fuera una novela negra. Enjoy.

Amo esta ciudad. Desde mi oficina sin ventanas imagino que el gris de las calles, del cielo y de la gente de la metrópolis es un  Malévich trazado con el pincel del crimen, usando el óleo del vicio, previamente mezclado en la paleta de colores de la corrupción.

Es un buen lugar para vivir cuando eres un detective amateur que gestiona sus servicios desde una repartición perdida del gobierno, escondido entre formularios 354-B. Mi casilla de Outlook se llena de correos basura y de comunicados oficiales de oficinas desconocidas, mientras la única carpeta que me interesa, la de casos, permanece inmaculada. Al parecer ese mail masivo que envié con mi foto más la frase “el mejor detective de la Internet” no ha dado los resultados que esperaba.

Estoy a punto de ir por un café (el tercero de la mañana) cuando el ícono de la mensajería instantánea que tengo asociado a la cuenta de mi agencia de detectives salta. Tengo un mensaje nuevo:

-    Hola, ¿Ricardo Altmann?
-    Sí.
-    ¿El detective privado?
-    El mismo.
-    ¿Es verdad lo que dice el aviso?
-    De que soy el mejor detective de la Internet? Pongámoslo de esta forma, hasta ahora no tengo ningún caso sin resolver.
-    No, eso no, lo de “primer caso gratis”.
-    Sí, eso también es verdad.
-    Que bueno, entonces, quiero encargarle un caso…

Me cuenta la misma historia de siempre. Un crítico de Internet que empieza a recibir mensajes extraños en su blog. Espero que se trate de un sindicato de productores de películas que no están contentos con sus críticas y lo amenazan de muerte. El tipo de caso que me haría conocido y levantaría el negocio.

Leo lo que escribe y mis sueños de gloria van a dar al tacho de la basura.

Aparentemente, hay gente que piensa que es un tipo de adivino, y le manda consultas sobre cómo pueden encontrar el amor o la estabilidad económica. Y mi cliente es un tipo más inclinado a hablar de raccontos que de arcanos mayores. Un simple caso de confusión de identidad. No es el tipo de intriga internacional que me gustaría resolver, pero algo es algo. Le dije que no se preocupara, que ya tendría noticias mías y me puse manos a la obra.

Inmediatamente busqué en los sitios de siempre, pero nadie parecía saber nada.

Revisé una vez más la evidencia, por algún lado tenía que haber una pista.

Marielys Vargas (Capricornio, 22 años, mala suerte en lo doméstico y lo laboral) se presenta como una fiel televidente de Moca y dice que cuando junte el dinero viajara a Santiago. Es un buen lugar para empezar mis pesquisas.

Abrí mi viejo atlas y pude constatar que existe una ciudad llamada Moca en Guinea Ecuatorial, Yemen, Puerto Rico y República Dominicana.

Como África y el Oriente Próximo están un poco lejos, reduje las posibilidades a las dos últimas. Luego recordé a mi antigua profesora de geografía y su tarea sobre cuantas ciudades en América se llamaban Santiago. Una quedaba en República Dominicana.

Pero aún faltaba por resolver lo más importante del misterio. ¿Por qué mujeres de República Dominicana le pedían números de lotería y embrujos para atraer nuevamente al hombre deseado a un tranquilo comentarista de libros y películas? Tenía que resolverlo rápido.

Revisé nuevamente los mensajes y reparé en un detalle que se me había escapado. Vargas se presentó como una fiel televidente. Y Andrea Carbajal (Picis, 18 años, mala suerte en el amor) dijo que no se perdía “Los Dueños del Circo”. Si ese no es nombre de programa de televisión dominicano, no sé cual puede serlo.

Pero la pregunta seguía rondándome la cabeza ¿Qué tienen en común la mejor película romántica de todos los tiempos, un esforzado Blogger y las cartas del tarot?

Repasé las pistas que había logrado juntar: República Dominicana, un programa de televisión e información astrológica, las piezas estaban todas ahí.

De pronto, la solución apareció con la fuerza de una Smith & Wesson Especial disparada a quemarropa. Una rápida llamada confirmó mis sospechas.

Cristián Casablanca, un astrólogo de la televisión dominicana que al parecer también tiene una consulta particular. Capturo un par de fotos y le envío la información a mi sorprendido cliente, quien me da las gracias y sigue con su vida. Mi única recompensa es haber salvado el buen nombre de un abnegado escritor de la Red.

Cierro la ventana del chat y me dispongo a saborear mi primer triunfo, cuando mi supervisor aparece frente a mí con una sonrisa en el rostro:

- Ricardo, necesito que fotocopies y archives los formularios 354-B del 2009 – mientras se mueve un poco a la izquierda para dejar ver una montaña de archivadores.

Mientras procedo con la primera carpeta de formularios 354-B hacia la fotocopiadora, miro el reloj y me doy cuenta de que perderé mi hora de almuerzo. Como dije, odio esta ciudad.

En defensa del blogueo amateur

Saturday, October 25th, 2008

A raíz de un post de Shesho (que a todo esto, volvió, y en forma de fichas) que habla de que ha pasado en los últimos 4 años con la que en su momento fue una muy activa comunidad bloguera, y que concluye básicamente que los comunicadores heredaron la Tierra Prometida de los blogs, decidí escribir sobre un tema que me viene dando vueltas hace tiempo.

Gente como Nicholas Carr dice que  el riesgo del culto a lo amateur en la Web 2.0 es que el mundo caiga en manos de enciclopedistas imberbes y periodistas wannabes, mientras los verdaderos expertos aún esperan en las confiables y sagradas páginas de la Enciclopedia Británica y The Economist. Sentimiento que comparten Cristóbal Cobo y Hugo Pardo en Planeta Web 2.0, o Beatriz Fainholc en sus Necesarias reflexiones criticas frente al uso (y abuso) de la web 2.0, donde incluso salgo citado, al parecer como uno de los tantos clones que no aportan nada a la red. Pero como errar es humano y puedo estar entendiendo mal, dejo el párrafo:

(…) O que  se genera uniformidad bajo la máscara de la abundancia de tantos inputs comparándolo con los productos o outputs a escala masiva que intervienen, lo que puede devenir en pobreza por los resultados unicos e iguales que arroja para todos los usuarios. Los ejemplos clásicos serían la Wikipedia o Digg y sus clones; o reflexionar luego del libro de Cobo, Romaní, C y Pardo Kuklinski, H. Planeta Web 2,0 (2007) http://www.aelete.cl/2007/10/19/planeta-web-20-revision-critica/

Ese post lo pueden encontrar aquí, y si ven en los comentarios, Cobo himself me encontró razón al criticar un detallito de su libro.  Más allá del poco relevante excepto para mi propio ego punto de si Fainholc malinterpretó a lo que iba con mi post, o yo la malinterpreté a ella, lo importante es decidir si esta hegemonía de lo amateur es realmente tan mala como parece.

Yo creo que no. O sea, es irritante repetirte 10 veces el mismo post cuando investigas sobre un tema, o darte cuenta que un proyecto sobre nanotecnología del senador del PS Alejandro Navarro está copiado de  Wikipedia con faltas de ortografía incluídas. Pero antes de la Web 2.0 existía El rincón del vago, y antes de la Internet existían las páginas azules de los libros de la editorial Zig-Zag. Así no es raro encontrar 10 pruebas del Quijote con análisis increíblemente parecidos.

Es más que nada un problema de formación personal. Si estoy leyendo un artículo en mis ratos de ocio y hay una palabra que no conozco, probablemente Wikipedia sea mi primera opción. Pero si estoy haciendo algo importante (como mi tesis de grado, por ejemplo) me voy a preocupar de buscar una fuente más confiable, e incluso cotejar dos o más autores para tener una visión global del asunto.

¿Y qué si hay millones de blogs anónimos que se conforman con repostear noticias y discutir entre ellos de temas de lo que no se puede extraer nada nuevo ni relevante? Lo mismo pasa en la vida off line. (¿Han leído los diarios gratuitos o han estado en medio de una discusión entre estudiantes de Derecho de la U. de Chile y la PUC por ver cuál es la mejor Escuela? Yo sí).

Para esos diarios de vida online, donde gente sube sus anécdotas aburridas, sus libros autoeditados y sus opiniones peregrinas sobre el futuro de la red, la Web 2.0 es una mejora.

Aunque estemos todos diciendo lo mismo (y no sé hasta que punto puedo estar de acuerdo con esa afirmación) al menos ahora tenemos voz. Así que ojalá los ejércitos de señoras Juanitas sigan subiendo las recetas de sus mermeladas de rosa mosqueta, esas bandas de garage sigan subiendo sus malos covers de Guns n’ Roses y esos fotógrafos con cámaras hiperultrasúpermegautomáticas sigan plagiando a Terry Richardson. Dejemos que la gente elija. Si el contenido es malo, nadie lo comenta, el ego se cansa y ese blog desaparece. Si la mano invisible y la autoregulación del mercado no funcionó en el mundo real, quizá si lo haga aquí.

Aunque para averiguar sobre ese bulto en su cuello, recomiendo ir al doctor y no buscar en la Red. Es que hay cosas con las que no se juega.