A horas de haberse terminado las elecciones municipales en Chile, todo el mundo está sacando cuentas y realizando proyecciones para las elecciones presidenciales del próximo año. Un número que a todas luces faltará, pero que sería interesante de conocer, es la efectividad de uso de los memes en las campañas.
Para efectos de este post, la palabra se usará para designar cualquier fad, hashtag, grupo de Facebook u otro que se masifique rápidamente desde los usuarios hacia los usuarios. Y esto no pretende ser en ningún modo un estudio exhaustivo del tema, sólo una opinión personal sobre el uso de los memes en campañas políticas, con un esbozo de buenas prácticas aplicables.
Obama, el primer presidente meme
Ryan Teague Beckwith, postula en un artículo que “Roosevelt tenía la radio. Kennedy tenía la televisión. Barack Obama, como se vio después, tenía memes”. Desde el cartel de HOPE que se usó en la campaña anterior (la historia completa es una lección sobre cómo hacer las cosas) hasta una respuesta a Romney en el último debate que, en cosa de minutos, convirtió en el hashtag #horsesandbayonets en Trending Topic.
Por definición, un meme se propaga de persona a persona, mutando y muchas veces mejorándose en el proceso, lo que lo hace una de las formas de participación más democráticas de la red. Para participar basta con hacer forward a algo, sea retuiteándolo en Twitter, compartiéndolo en Facebook o reblogueándolo en Tumblr.
Internet se ha convertido en una plataforma comunicacional fundamental. Tanto es así que han aparecido varias empresas dedicadas al astroturf, cuyo negocio es implantar memes generados de acuerdo al plan de campaña y hacerlos pasar por grassroots. Y si se está preguntando sobre la relevancia de la legitimidad de estos memes, creo que la aparición de metodologías que permitan identificar rápidamente los memes “falsos” es una señal de que al menos, a nivel académico, lo es.
El troll militante
No es alejado a la realidad el decir que las redes sociales no sólo han estado presentes en el debate político, sino están mostrando el camino hacia una nueva forma de hacer política. Y cuando hablo de política, no me estoy refiriendo necesariamente a política partidista, (aunque hay unos ejemplos notables, como los Teabonics) sino a los movimientos sociales en general.
Para acercar un poco el tema a la realidad nacional, voy a ilustrar los dos extremos de uso de memes con ejemplos made in Chile:
Por un lado, Action Piñi es un meme que no buscaba más que reírse a costas del Presidente de la República, (quien, hay que decirlo, es generoso entregando material) y, en mi opinión, no requiere mayor consideración.
Por el otro, el caso de la termoeléctrica en Punta Choros, fue un excelente ejemplo de como un meme puede cerrar la brecha entre el postear fotos de gatos y tomar acción cívica, precisamente por las características que mencionaba al principio:
- Es una declaración por parte de la persona: Al usar la foto de arriba en mi perfil, retuitear el link o rebloguearla, ya estoy tomando una posición respecto al tema.
- Facilidad de participación: Las facilidades para la publicación o repetición de contenidos que ofrecen los social media, hacen que con un click, ya pueda aportar de alguna manera a la causa.
- Rápida masificación: Por encima de cierta masa crítica, el tema cobra relevancia para los medios tradicionales y se vuelve mainstream, lo que aumenta aún más su exposición.
- Del chiste fácil a la acción cívica: En este punto es donde se cierra la brecha, hay un porcentaje de las personas expuestas al meme que sigue averiguando más sobre el tema y empieza a involucrarse en distintos niveles: Desde firmar peticiones online hasta asistir a marchas, votar por tal o cual candidato, realizar donaciones y un largo etcétera.
Uno no simplemente usa memes en las campañas
Espero que los argumentos de arriba sean suficientes para aceptar que el uso de memes en campañas políticas es, a lo menos, conveniente. Pero antes que los gurús 3.0 empiecen a frotarse las manos de cara a la elección presidencial del 2013, es importante analizar lo ocurrido en esta elección y rescatar algunos aprendizajes:
- Los memes tienen estructura: El primer error a la hora de usar memes en política, es quedarse sólo con la forma. Pero hacer eso es ignorar que los memes tienen restricciones formales igual de rígidas que un soneto en alejandrinos. En este caso, se intentó usar un meme sin respetar el sentido del mismo. Eso genera una antipatía casi automática por el fallido meme y la gente responsable.
- Un meme es muy difícil de forzar: Los memes generan una respuesta emocional, y la correcta aplicación de una frase, foto o video por sí sola, no convierte algo en un meme. En este ejemplo, el concepto está bien utilizado, pero resulta fome, a pito de nada. En comparación, este otro se siente más correcto. Ese sentido, los memes son darwinianos, sólo los más aptos sobreviven.
- Los memes son flor de un día: La internet tiene mala memoria. Cosas que hoy son tema obligado (como el #ChoritaPorTwitter) el día de mañana son reemplazadas por otras y relegadas al olvido. Por lo que no posible generar seis meses antes de una elección un paquete de soluciones meméticas para tal o cual candidato. La ventaja aquí la tiene quien es capaz de reaccionar. El marketing nos ha dado ejemplos notables, como EA y el glitch de Tiger Woods.
Para terminar
Obviamente, hay mucho camino que recorrer para una correcta utilización de los memes como herramienta política. Pero en la elección presidencial, los recursos estarán más concentrados y se puede anticipar una mayor tasa de participación electoral.
En ese contexto, los memes pueden cumplir una función de barómetro de la opinión pública. Y con tanto tiempo para prepararse, se podría avanzar mucho en la búsqueda de nuevas formas de conectar con buena parte del electorado, promoviendo la participación cívica utilizando códigos que le sean propios a los más jóvenes, en lugar de invitarlos a sumarse a una forma de hacer política que, al mirar la alta tasa de abstención, claramente no los identifica.

