El día de hoy en Santiago de Chile, se ha quitado la vida Facundo Rodríguez (1983-2011). Su temprano fallecimiento es la peor tragedia en la historia de la Cultura Universal desde que se incendió la Bliblioteca de Alejandría. Da la casualidad de que su muerte haya acaecido el mismo día en que Avalon Editores ha publicado los 54 volúmenes de sus Obras Completas, de las que trata esta reseña.
Esta edición de las Obras Completas de Rodríguez está organizada en orden cronológico, lo cual se agradece dado lo vasto de su producción literaria. A pesar de nunca haber escrito ninguna obra en el sentido tradicional del término (no se le conoce un sólo cuento o novela), llegó a ser conocido como El Rey Midas de la Literatura. Prácticamente todo lo que escribió trepó al número uno de los rankings.
Para el estudioso de la obra de Rodríguez, esta colección es una excelente oportunidad de entender en su totalidad el trabajo de este enfant terrible de la literatura chilena, que despreciaba tanto su talento para escribir como a sus lectores. En una de sus pocas entrevistas, al ser consultado sobre que opinaba de su éxito, contestó: “No entiendo cómo a alguien le puede interesar lo que escribo”.
Esta antología parte con los Cuadernos de Caligrafía (1989-1991). Desde las primeras páginas se puede observar lo novedoso de su propuesta estética. Rodríguez estaba obsesionado con llevar a nuevas fronteras recursos muy usados en nuestro idioma, como lo muestran las interminables filas de aes minúsculas que se repiten por varias páginas ni bien empieza el libro. Un ejemplo de aliteración en esteroides que hasta el día de hoy mantiene dividida a la crítica.
Pero no toda la obra de Rodríguez es tan críptica. Los tres volúmenes que recopilan sus Listas de Compras (1999-2011), son testimonio de la voluntad del joven autor de encontrar belleza en la cotidianeidad, en un lenguaje plano que nos recuerda al Hemingway de Las Nieves del Kilimanjaro. A manera de ejemplo, reproducimos aquí, con permiso de los editores, Sin Título del 14 de Octubre del 2002:
Papas (1 K.); 3 tomates; pan; jamón; queso; papel confort; Mermelada.
Para muchos, este texto es el punto de partida del listismo, movimiento literario que tiene entre sus principales exponentes a autores de la talla de Von Bronson, Güinelli, Sanhueza y Polidoro. Si el lector quiere averiguar más sobre el listismo, en la página 122 del presente número hay una reseña del más reciente libro de Von Bronson: “Asistencia del Segundo Básico C. Liceo Baldomero Lillo (2010)”.
Volviendo al tema que nos ocupa, uno de los principales méritos de esta colección es la inclusión de Cartas a la Fran, colección de una serie de misivas que estuvieron muchos años en poder de su vecinita de la esquina, compañera de colegio y amor de infancia, Francisca González.
Entre las joyas de estilo que podemos encontrar en este volumen, se encuentran los famosos versos “Si pololeas conmigo, prometo darte de mi colación y defenderte cuando el Guatón Marambio te tire el pelo”, frase que con posterioridad hemos visto repetida hasta el cansancio en tarjetas Hallmark y canciones pop.
Es que es poca la gente que no se siente conmovida por el exquisito contrapunto entre el erotismo descarnado de compartir la colación – metáfora que este crítico no explicará aquí por pudor – y la promesa de amor eterno en la segunda parte del verso. Es que ¿acaso no es esa la definición más romántica de una pareja? ¿Alguien que nos defienda cuando los Guatones Marambio de la vida moderna nos tiren el pelo de la existencia?
Comentar todos los títulos que componen esta recolección escapa a los límites de esta reseña, por lo que solo mencionaré a la pasada un par de títulos que merecen destacarse: sus Chequeras y Estados de Cuenta al 20 de Junio de 2006; el tomo compilado de sus Apuntes de Clases; y Correos Electrónicos, Status de Facebook y Otras Expresiones Digitales, uno de sus títulos más experimentales y que será llevado al cine el próximo año por Wes Anderson.
Al principio de este artículo mencionamos el hecho de que Rodríguez nunca pudo encontrar la paz en la literatura. Alcanzar la fama y la riqueza por lo que él consideraba las razones equivocadas lo tenía permanentemente al borde del colapso. Vivía cargando la cruz de su talento como una maldición, maldición con la que decidió terminar esta fría mañana de otoño, no sin antes dejarnos un último regalo que, con seguridad, será incluido en una segunda edición de estas Obras Completas.
Su obra póstuma, titulada “A quien corresponda”, consiste en una simple frase, que resume de manera perfecta esa entrega desinteresada con que Rodríguez se avocó a una labor que despreciaba: No se culpe a nadie de mi muerte.
Facundo Rodríguez, Obras Completas. Avalon Editores. 2011. 32440 páginas.

