En defensa del blogueo amateur

by Ricardo

A raíz de un post de Shesho (que a todo esto, volvió, y en forma de fichas) que habla de que ha pasado en los últimos 4 años con la que en su momento fue una muy activa comunidad bloguera, y que concluye básicamente que los comunicadores heredaron la Tierra Prometida de los blogs, decidí escribir sobre un tema que me viene dando vueltas hace tiempo.

Gente como Nicholas Carr dice que  el riesgo del culto a lo amateur en la Web 2.0 es que el mundo caiga en manos de enciclopedistas imberbes y periodistas wannabes, mientras los verdaderos expertos aún esperan en las confiables y sagradas páginas de la Enciclopedia Británica y The Economist. Sentimiento que comparten Cristóbal Cobo y Hugo Pardo en Planeta Web 2.0, o Beatriz Fainholc en sus Necesarias reflexiones criticas frente al uso (y abuso) de la web 2.0, donde incluso salgo citado, al parecer como uno de los tantos clones que no aportan nada a la red. Pero como errar es humano y puedo estar entendiendo mal, dejo el párrafo:

(…) O que  se genera uniformidad bajo la máscara de la abundancia de tantos inputs comparándolo con los productos o outputs a escala masiva que intervienen, lo que puede devenir en pobreza por los resultados unicos e iguales que arroja para todos los usuarios. Los ejemplos clásicos serían la Wikipedia o Digg y sus clones; o reflexionar luego del libro de Cobo, Romaní, C y Pardo Kuklinski, H. Planeta Web 2,0 (2007) http://www.aelete.cl/2007/10/19/planeta-web-20-revision-critica/

Ese post lo pueden encontrar aquí, y si ven en los comentarios, Cobo himself me encontró razón al criticar un detallito de su libro.  Más allá del poco relevante excepto para mi propio ego punto de si Fainholc malinterpretó a lo que iba con mi post, o yo la malinterpreté a ella, lo importante es decidir si esta hegemonía de lo amateur es realmente tan mala como parece.

Yo creo que no. O sea, es irritante repetirte 10 veces el mismo post cuando investigas sobre un tema, o darte cuenta que un proyecto sobre nanotecnología del senador del PS Alejandro Navarro está copiado de  Wikipedia con faltas de ortografía incluídas. Pero antes de la Web 2.0 existía El rincón del vago, y antes de la Internet existían las páginas azules de los libros de la editorial Zig-Zag. Así no es raro encontrar 10 pruebas del Quijote con análisis increíblemente parecidos.

Es más que nada un problema de formación personal. Si estoy leyendo un artículo en mis ratos de ocio y hay una palabra que no conozco, probablemente Wikipedia sea mi primera opción. Pero si estoy haciendo algo importante (como mi tesis de grado, por ejemplo) me voy a preocupar de buscar una fuente más confiable, e incluso cotejar dos o más autores para tener una visión global del asunto.

¿Y qué si hay millones de blogs anónimos que se conforman con repostear noticias y discutir entre ellos de temas de lo que no se puede extraer nada nuevo ni relevante? Lo mismo pasa en la vida off line. (¿Han leído los diarios gratuitos o han estado en medio de una discusión entre estudiantes de Derecho de la U. de Chile y la PUC por ver cuál es la mejor Escuela? Yo sí).

Para esos diarios de vida online, donde gente sube sus anécdotas aburridas, sus libros autoeditados y sus opiniones peregrinas sobre el futuro de la red, la Web 2.0 es una mejora.

Aunque estemos todos diciendo lo mismo (y no sé hasta que punto puedo estar de acuerdo con esa afirmación) al menos ahora tenemos voz. Así que ojalá los ejércitos de señoras Juanitas sigan subiendo las recetas de sus mermeladas de rosa mosqueta, esas bandas de garage sigan subiendo sus malos covers de Guns n’ Roses y esos fotógrafos con cámaras hiperultrasúpermegautomáticas sigan plagiando a Terry Richardson. Dejemos que la gente elija. Si el contenido es malo, nadie lo comenta, el ego se cansa y ese blog desaparece. Si la mano invisible y la autoregulación del mercado no funcionó en el mundo real, quizá si lo haga aquí.

Aunque para averiguar sobre ese bulto en su cuello, recomiendo ir al doctor y no buscar en la Red. Es que hay cosas con las que no se juega.