Tirando la toalla

Para los que no saben, soy publicista. Generalmente no me gusta escribir mucho respecto a mi profesión o la industria, pero hay una campaña que me tiene tan mal, que necesito hacer un rant al respecto.

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Voy a partir diciendo que de todas las industrias con las que nos toca trabajar en las agencias, la de toallas femeninas es a la Publicidad, lo que la cátedra de Defensa Contra las Artes Oscuras es a Howarts: está maldita. A continuación, la prueba A:

Yo no soy mujer y aún así me sentí ofendido por el comercial. No es nada en contra de la agencia (no tengo idea cuál es, y la campaña es global al parecer) ni mala onda para los creativos detrás, pero ¿QUÉ WEA, LOCO?

De partida, la cita a Ipsos. Onda “es verdad porque lo dice el estudio”. ¿De verdad se necesitaba un estudio para llegar a las viñetas del comercial?  Casi me hace extrañar los buenos viejos tiempos, con litros de líquido azul cayendo desde vasos de precipitado hacia una plétora de toallitas cada vez más absorbentes.

Tampoco es el juego de palabras. Los juegos de palabras son buenos cuando son buenos (no como el título del post). Pero no puedo evitar quedarme con la sensación de que la siguiente campaña será del tono “Mamá, me atropellaron el mono”; o “Amiga, se me reventó el tomate”; o “Qué lata, llegó Andrés” (Ah no, verdad que ese ya lo hicieron).

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Y obvio que es difícil. Yo no sé si se me ocurriría una idea mejor. Ni siquiera trabajo como creativo y a este paso, quizá algún día la historia me reconozca como el peor publicista ever. Supongo que al final todo este post pasa por la desesperanza de que, durante todo el proceso desde que el redactor le tira la idea al director creativo de grupo, que se la cuenta al director creativo general, quien le hace el pitch al cliente, quien firma un cheque y gasta plata en producir la idea, nadie se haya detenido a pensar en si vive tus putas propias reglas era la mejor manera de comunicar el importante beneficio de las nuevas toallas ultrafinas nocturnas hipoalergénicas arroundaguorl.

Sería fácil terminar esto con un gran “estamos cagados”, pero hay luz al final del túnel. Para volver a la analogía del principio, Hello Flo es como el Remus Lupin de las toallas higiénicas, que llega a mostrar que yes we can:

Ya sí, es para cabras chicas, es gringo, cualquiera cuenta una idea en un minuto y medio y todo lo que quieran. Pero qué ganas de hacer publicidad relevante, que conecte y entretenga, para variar un poco.

 Fin del comunicado

Machismo Funcional, Parte II: The F word

Lo había dejado de lado, pero sigo tratando de descubrir cómo funcionar en el mundo moderno sin dejar de ser un cerdo machista. Al menos, no de golpe.
Para entender de qué va esto, lea aquí.
Y aquí para la entrega anterior, sobre los piropos.

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Creo que una de las partes más complicadas de todo este proceso por abandonar el machismo de manera progresiva, ha sido el elegir un concepto de feminismo para usar de barómetro. En los comentarios del post anterior, hubo ene discusión sobre lo que era el feminismo, lo cual complica un poco la cosa. Es como querer discutir sobre el color azul, y antes tener que ponernos de acuerdo sobre qué cresta es el color azul.

Y es que es cosa de leer un poco al respecto, para confundirse entre las distintas definiciones, escuelas y visiones del feminismo, que van desde un feminismo buenaonda-políticamentecorrecto-quesevebienenunapolera

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 Hasta el denominado hembrismo, que pareciera validar esas teorías sobre lesbianas terroristas que quieren dominar al mundo

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Luego cachai que también existe el ginocentrismo, que es una cosa completamente diferente. Ya cuando te encuentras con la teoría queer, la verdad es que terminas peor que al principio

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Supongo que lo que estoy tratando de hacer aquí, más que dar una definición de feminismo (que para mí, es simplemente buscar la igualdad entre el hombre y la mujer), es relevar la importancia de su existencia.

Y para mí, todo partió con los derechos de la comunidad LGBTI. No podría decir que estoy a favor del matrimonio homosexual y la adopción por parte de parejas del mismo sexo sin, al mismo tiempo, ser feminista. Lo que pasa es que mi argumento fuerte es: “Mismas obligaciones, mismos derechos”. Y no quiero ser como la liberal universitaria del meme.

A continuación, una lista de razones muy egoístas por las cuales creo que el feminismo es algo bueno:

  1. Soy publicista, así que si van a haber futuras vacaciones en el Caribe para los Altmann-Comosellame, mi señora/pareja/conviviente va a tener que trabajar. Probablemente las mismas horas que yo. Es injusto que lo haga por menos plata.
  2. Si llego a tener hijos, hay un 50% de probabilidades de que nazca mujer. Uno quiere darle lo mejor a sus hijos. Eso significa cambiar muchas cosas ahora.
  3. Estadísticamente hablando, es muy posible que me separe. Para efectos de la tuición de los hijos y esas cosas, en el mundo actual no tengo muchas oportunidades en tribunales, si se llega a dar el caso.
  4. Y no me hagan empezar con el tema del slut-shaming. No sé ustedes, pero mi adolescencia habría sido tanto más feliz si hubiera sido más clever al respecto.

Pero lo más importante de defender el feminismo como hombre, es que el machismo genera estándares de mierda para nosotros.

El que no puedas llorar, o verte frágil o débil, hasta ser el macho alfa proveedor papito del flow, nuestro amigo el patriarcado se ha encargado de que la palabra “feminista” nos moleste porque alude a algo femenino. Es una versión social del “es niñita” que cantábamos en el patio del colegio cuando uno de nuestros compañeros no quería hacer algo “de hombres”.

Y si algún día elijo ser un stay-at-home daden lugar de un gran tiburón corporativo (pff), tengo que dejar de validar comportamientos y maneras de pensar que pueden volver a morderme el trasero en el futuro.

Eso. Saludos.

Sin título

El amor tendría que ser un concurso público,
para que sirva de algo el C.V.
las cartas de recomendación
los años de preparación para el puesto.

Y no este show de talento*
en que los jueces son cabeza,
corazón y ovarios.

El amor podría ser un depósito a plazo,
para que valgan la pena el tiempo
la constancia
la decisión de seguir intentando.

Y no este programa-concurso
en que disparas tú o disparo yo,
mientras eliges lo que está
detrás de la puerta dos,
y no lo que tienes en el bolsillo.

El amor debería ser una licitación,
para confiar en los planes y poder
despertar con certezas distintas
a la absoluta de no tenerte.

Y no este bingo de kermesse
que jugaste para matar el rato,
donde siempre te faltó
una ficha para el cartón lleno.

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*La gente en la casa, no olvide mandar un SMS al 1701 y votar por Ricardo, segunda opción.