Aelete

El blog de Ricardo Altmann. Atendido por su propio dueño

Día 12: El Alfred de tu Batman

Esto va a ser un poco nerd. No, va a ser bastante nerd. En fin: Hay gente que, si tuviera que elegir un superhéroe,  se identifica con Batman. Otros con Superman. Algunos hasta con Aquaman, por razones que no vamos a entrar a discutir. Y hay aspectos de la vida en los cuales uno tiene que estar a la altura de las circunstancias. Onda, hay veces en que tienes que liderar, como el Cap, otras hay que ser (o hacerte) el invulnerable, como Supes y otras hay que tener un plan hasta para cuando no tienes un plan, como Batman. No se me ocurre ninguna situación en que necesite hablar con los peces, pero tiempo al tiempo.

(Y ahora es que cacho pa’ donde va la micro con este post, que iba mejor en el otro blog, pero filo)

Así como todos tenemos que ser Batman, todos necesitamos un Alfred.  Alguien que nos ayude a sanar nuestras heridas después de una pelea. Alguien a quien confiar nuestros secretos. Y alguien que nos lleve el desayuno a la cama, eventualmente. Lo difícil es encontrar a alguien que te dé ganas de ser Alfred. Igual es gracioso tener claro que, de los dos, ella es quien más probablemente va a terminar salvando al mundo.

A menos que el mundo necesite ser salvado vendiendo flan. Ahí llámenme.

Día 11: El hombre propone

Este es el texto que debería haber subido hace cuatro días. Del jueves pasado en adelante, el dolor de cabeza, la falta de sueño, la falta de tiempo y (por qué no decirlo) la falta de ganas se han llevado lo mejor de mí.

Entonces ya estoy un paso atrás. Y tengo que correr para llegar donde debería estar. Y la cagó que estoy cansado, sin ideas y triste. Sobre todo triste. Igual sirve para darme cuenta que no me podría haber dedicado a esto. Solo escribo cuando estoy de humor. Y, parafraseando a Gurney Halleck,  el humor es algo para el ganado, o para hacer el amor, o para tocar el baliset. No para escribir.

A lo mejor el camino pasa por hacerle caso a Rumi:

Be crumbled.
So wild flowers will come up where you are.
You have been stony for too many years.
Try something different.
Surrender

Día 10: Escuela de cocina

Era el primer día de clases de Ugh.  Dos lunas atrás, todos los jóvenes que habían cumplido las doce primaveras, pasaban una serie de pruebas para determinar su rol dentro de la tribu. Lamentablemente a Ugh no le había ido muy bien, y había quedado último seleccionado en las pruebas de la tribu de la Roca Blanca.

Ugh encontraba un poco injusto que un solo día determinara su futuro, pero esa era la forma en que la tribu de la Roca Blanca lo había hecho, desde que habían partido del Valle de los Mamuts, perseguidos por esos idiotas de la tribu de la Roca Negra. Cómo los odiaba.

Lamentablemente para Ugh, no tenía la fuerza necesaria para ser Cazador, ni el ojo avisor del Recolector. En otros tiempos, lo habrían expulsado de la tribu, o utilizado como carnada para tigres dientes de sable.

Pero desde el terrible accidente de Nog Lengua-Azul, se había hecho necesario un nuevo rol, para el que Ugh era el candidato ideal. Lo habían inscrito en la Escuela de Cocina de Roca Blanca.

Su labor, básicamente, consistía en probar cada nuevo alimento que llegaba a la tribu, y constatar que fuera comestible. Era una noble tradición, que comenzó con el ya mencionado Nog Lengua-Azul, y siguió con Agur Esto-Sabe-a-Rayos y Plim Esa-Era-Una-Baya-Negra-O-Una-Roja, quien fuera cocinero de la tribu hasta la mañana anterior, en la que eligió por error una baya negra.

Y ahora la antorcha (metafórica, el fuego no sería descubierto hasta varios años después) pasaba a Ugh. Mientras salía de la cueva a esperar la vuelta de los recolectores, Ugh estaba siendo protagonista de un momento histórico. La posteridad nunca lo sabría, pero fue la primera vez en la historia de la humanidad, en que un niño no quería ir al colegio.