Hace mucho que no subía nada al blog, en parte debido a que he estado metido en otros proyectos, en parte porque no tenía nada que escribir, excepto esa novela que cambiará la literatura contemporánea, de la cual llevo 3 páginas. Pero hoy me pasó algo tan divertido que tuve que romper mi inercia autoimpuesta: Mi gran amigo Cristián, gurú de la crítica fílmica/literaria/gamer, llegó a mí con un misterio sin resolver de esos de todos los días. Me sentí un poco como Jonathan Ames, el protagonista de Bored to Death. (Mal que mal, tenemos puntos en común, también soy un novelista wannabe con interés por el boxeo y una incipiente carrera como detective). Así que enganché inmediatamente con el problema y lo pude resolver (¡Yey!) Ahora, con su permiso, voy a intentar contarlo como si fuera una novela negra. Enjoy.
Amo esta ciudad. Desde mi oficina sin ventanas imagino que el gris de las calles, del cielo y de la gente de la metrópolis es un Malévich trazado con el pincel del crimen, usando el óleo del vicio, previamente mezclado en la paleta de colores de la corrupción.
Es un buen lugar para vivir cuando eres un detective amateur que gestiona sus servicios desde una repartición perdida del gobierno, escondido entre formularios 354-B. Mi casilla de Outlook se llena de correos basura y de comunicados oficiales de oficinas desconocidas, mientras la única carpeta que me interesa, la de casos, permanece inmaculada. Al parecer ese mail masivo que envié con mi foto más la frase “el mejor detective de la Internet” no ha dado los resultados que esperaba.
Estoy a punto de ir por un café (el tercero de la mañana) cuando el ícono de la mensajería instantánea que tengo asociado a la cuenta de mi agencia de detectives salta. Tengo un mensaje nuevo:
- Hola, ¿Ricardo Altmann?
- Sí.
- ¿El detective privado?
- El mismo.
- ¿Es verdad lo que dice el aviso?
- De que soy el mejor detective de la Internet? Pongámoslo de esta forma, hasta ahora no tengo ningún caso sin resolver.
- No, eso no, lo de “primer caso gratis”.
- Sí, eso también es verdad.
- Que bueno, entonces, quiero encargarle un caso…
Me cuenta la misma historia de siempre. Un crítico de Internet que empieza a recibir mensajes extraños en su blog. Espero que se trate de un sindicato de productores de películas que no están contentos con sus críticas y lo amenazan de muerte. El tipo de caso que me haría conocido y levantaría el negocio.
Leo lo que escribe y mis sueños de gloria van a dar al tacho de la basura.
Aparentemente, hay gente que piensa que es un tipo de adivino, y le manda consultas sobre cómo pueden encontrar el amor o la estabilidad económica. Y mi cliente es un tipo más inclinado a hablar de raccontos que de arcanos mayores. Un simple caso de confusión de identidad. No es el tipo de intriga internacional que me gustaría resolver, pero algo es algo. Le dije que no se preocupara, que ya tendría noticias mías y me puse manos a la obra.
Inmediatamente busqué en los sitios de siempre, pero nadie parecía saber nada.
Revisé una vez más la evidencia, por algún lado tenía que haber una pista.
Marielys Vargas (Capricornio, 22 años, mala suerte en lo doméstico y lo laboral) se presenta como una fiel televidente de Moca y dice que cuando junte el dinero viajara a Santiago. Es un buen lugar para empezar mis pesquisas.
Abrí mi viejo atlas y pude constatar que existe una ciudad llamada Moca en Guinea Ecuatorial, Yemen, Puerto Rico y República Dominicana.
Como África y el Oriente Próximo están un poco lejos, reduje las posibilidades a las dos últimas. Luego recordé a mi antigua profesora de geografía y su tarea sobre cuantas ciudades en América se llamaban Santiago. Una quedaba en República Dominicana.
Pero aún faltaba por resolver lo más importante del misterio. ¿Por qué mujeres de República Dominicana le pedían números de lotería y embrujos para atraer nuevamente al hombre deseado a un tranquilo comentarista de libros y películas? Tenía que resolverlo rápido.
Revisé nuevamente los mensajes y reparé en un detalle que se me había escapado. Vargas se presentó como una fiel televidente. Y Andrea Carbajal (Picis, 18 años, mala suerte en el amor) dijo que no se perdía “Los Dueños del Circo”. Si ese no es nombre de programa de televisión dominicano, no sé cual puede serlo.
Pero la pregunta seguía rondándome la cabeza ¿Qué tienen en común la mejor película romántica de todos los tiempos, un esforzado Blogger y las cartas del tarot?
Repasé las pistas que había logrado juntar: República Dominicana, un programa de televisión e información astrológica, las piezas estaban todas ahí.
De pronto, la solución apareció con la fuerza de una Smith & Wesson Especial disparada a quemarropa. Una rápida llamada confirmó mis sospechas.
Cristián Casablanca, un astrólogo de la televisión dominicana que al parecer también tiene una consulta particular. Capturo un par de fotos y le envío la información a mi sorprendido cliente, quien me da las gracias y sigue con su vida. Mi única recompensa es haber salvado el buen nombre de un abnegado escritor de la Red.
Cierro la ventana del chat y me dispongo a saborear mi primer triunfo, cuando mi supervisor aparece frente a mí con una sonrisa en el rostro:
- Ricardo, necesito que fotocopies y archives los formularios 354-B del 2009 – mientras se mueve un poco a la izquierda para dejar ver una montaña de archivadores.
Mientras procedo con la primera carpeta de formularios 354-B hacia la fotocopiadora, miro el reloj y me doy cuenta de que perderé mi hora de almuerzo. Como dije, odio esta ciudad.